Terremoto del 19 de Noviembre de 1822
El texto corresponde a un informe de Carlos Thurn dirigido al brigadier y gobernador de la plaza de Valparaíso, José Ignacio Zenteno. Fue redactado en Valparaíso el 30 de diciembre de 1822 y publicado como “Terremoto del 19 de Noviembre de 1822” en la Revista Chilena de Historia y Geografía. La nota editorial indica que se trataba de un documento inédito, hallado entre los papeles del Dr. Wenceslao Díaz y comunicado por su hijo, E. Díaz Lira.
El informe describe el terremoto ocurrido a las 10:50 de la noche. Thurn lo presenta como una sacudida súbita y extremadamente violenta, que obligó a la población a huir de los edificios mientras se abrían grietas en el suelo y el mar mostraba un comportamiento amenazante. Según las observaciones recogidas por el autor, la fase más intensa duró unos 40 segundos, seguida de una trepidación persistente hasta las 11 de la mañana del día siguiente. En ese intervalo se registraron 36 temblores perceptibles, muchos de ellos precedidos por ruidos subterráneos.
Thurn interpreta el movimiento como principalmente vertical. Basa esa apreciación en los efectos observados en tierra, edificios, fortificaciones, barcos y artillería. Sostiene también que Valparaíso estuvo muy cerca del centro de mayor intensidad, ya que los efectos se debilitaron hacia otras zonas, aunque fueron sentidos hasta Coquimbo, Mendoza y Concepción. Esta interpretación tiene valor testimonial, pero debe leerse como una hipótesis de época, no como una determinación sismológica moderna.
El balance humano señalado por el informe es de 66 personas muertas o desaparecidas, entre ellas 20 ancianos, 34 adultos y 12 niños. El documento identifica también víctimas entre la tropa de la guarnición. Los heridos y contusos fueron estimados en 110, incluidos 38 militares de distintas clases.
Los daños materiales fueron severos. La casa de gobierno, los cuarteles y la cárcel quedaron destruidos. La aduana, el resguardo, la administración de correos, los almacenes comunes y los hospitales militar y público quedaron casi inutilizados. Las fortalezas de San José, el Gobernador, Barón, San Antonio y Playa Ancha sufrieron daños, con especial gravedad en la de San José. Los templos también fueron duramente afectados: la Iglesia Matriz perdió la torre y varias dependencias, y las iglesias y conventos de Santo Domingo, San Francisco, La Merced y San Juan de Dios quedaron destruidos o inutilizados en distinto grado.
El informe estima en cerca de 700 las casas particulares arruinadas. Thurn observa una diferencia importante según el tipo de suelo y construcción. Los edificios asentados sobre terreno firme, cerca de los cerros o sobre roca, resistieron mejor. Las construcciones de madera, como el Arsenal, casi no sufrieron daños. En cambio, los edificios de cal y ladrillo, los aislados, los demasiado altos, los mal trabados y, sobre todo, los cimentados en terrenos movedizos, fueron los más dañados. Esta observación es una de las partes más interesantes del informe, porque anticipa una lectura empírica sobre vulnerabilidad constructiva y respuesta local del suelo.
El comportamiento del mar ocupa un lugar central. Durante el terremoto se observaron tres fuertes avances y retrocesos del agua. En el mayor de ellos, el mar habría subido unos 12 pies sobre su nivel ordinario. Thurn agrega que, después del evento, el mar quedó retirado entre 8 y 10 pies respecto de la ribera que antes bañaba, fenómeno observado en la bahía y en playas cercanas. A partir de ello, el autor infiere que una parte de la costa se habría elevado al menos 3 pies.
El informe registra también grietas y cambios hidrológicos. En calles cercanas a la ribera se abrieron hendiduras de una a cuatro pulgadas de ancho, con varios pasos de largo y distintas profundidades. En los cerros inmediatos se observaron grietas mucho mayores, de 70 a 90 pies de largo, 3 pies de ancho y entre 12 y 20 pies de profundidad. Las vertientes que bajaban hacia la población aumentaron su caudal por algunos días, y en sectores bajos como los Arsenales y parte del Almendral brotó agua durante un breve periodo.
El valor principal del artículo está en su carácter de testimonio técnico-administrativo temprano. No es solo una crónica del desastre. Reúne hora, duración, réplicas, daños, víctimas, comportamiento del mar, grietas, efectos en construcciones y observaciones sobre el suelo. Su límite está en la mirada propia de 1822: no usa categorías sismológicas actuales, mezcla observación directa con inferencias, y el propio autor reconoce no tener los conocimientos de arquitectura necesarios para entregar un catastro completo de casas y fallecidos. Aun así, el documento es relevante para la historia sísmica de Valparaíso y para reconstruir los efectos locales del terremoto de 1822.
Referencia
Thurn, C. (1919). Terremoto del 19 de Noviembre de 1822. Revista Chilena de Historia y Geografía, 31(35), 189–193. Publicación original de informe fechado en Valparaíso, 30 de diciembre de 1822. https://www.schhg.cl/revista-ano-ix-tomo-xxxi-n-35/
