Un día 13 de mayo de 1889, el presbítero Rodolfo Vergara Antúnez el 13 de mayo de 1889, ofrece un servicio religioso en la Capilla del Seminario Conciliar de Santiago de Chile, donde lee un discurso en un homenaje póstumo al naturalista polaco-lituano Ignacio Domeyko Ankuta, haciendo una semblanza sobre el legado ético, valórico, moral e intelectual sembrado duranter el Siglo XIX, haciendo un profundo análisis respecto a la identidad de Domeyko, el cual estructura sobre tres pilares fundamentales que el autor define como sus ‘más nobles amores’.
Primer pilar: Amor a la Patria (Devoto Ardoroso). El autor describe a Domeyko como un hijo de la ‘nación mártir’ de Polonia. Analiza cómo su patriotismo lo llevó a combatir en la insurrección de 1830 y, posteriormente, a sufrir el castigo del destierro, junto con poner en valor a Chile como patria adoptiva en tiempos que germinaba como una floreciente nación que lo supo acoger con su gente, permitiéndole formar una familia y desarrollar su carrera prolífera carrera, dejando ver que Domeyko nunca olvidó sus raíces europeas.
Segundo pilar: Amor a la Ciencia (Sabio ilustre). El discurso presenta a Domeyko como el maestro de la juventud en Chile, destacando su labor durante medio siglo de enseñanza, donde aportó con su erudición a formar a los profesionales del mañana, quienes aportaron en múltiples áreas disciplinares gracias a sus vastos conocimientos en geología, mineralogía, física y química, así como su rol como Rector de la Universidad de Chile.
Rodolfo Vergara, subraya que su fama trascendió diversas fronteras del mundo, siendo miembro de academias científicas europeas, pero además, fue reconocido por sus pares del mundo de las ciencias, quienes dieron nombres a minerales y especies del reino vegetal en su honor.
Tercer pilar: Amor a la Fe (Cristiano Ejemplar). Un punto central del análisis es la defensa de la armonía entre la ciencia y la fe. Vergara utiliza la figura de Domeyko para refutar la idea de que el conocimiento científico aleja a las personas de la religión, resaltando las virtudes personales, su modestia característica, su gran espíritu por maravillarse por la naturaleza regalado por Dios, junto con visibilidad sentido de humanidad por su activa caridad, mencionando su participación en las conferencias de San Vicente de Paul para ayudar a los pobres.
Al ser una oración fúnebre, el texto pone énfasis en que su muerte no es un final, sino el paso a la patria celestial, premio a una vida de virtud y servicio. Por eso el presente texto resalta que Domeyko (falleció a los 86 años un 23 de enero de 1889) no se avergonzaba de su fe; practicaba sus ritos y oraciones con la misma disciplina con la que realizaba cada una de sus investigaciones científicas.
El presbítero Vergara, cierra su reflexión, con una despedida poética que describe a Domeyko como un ‘obrero infatigable’ que finalmente ha encontrado su patria, esa que no se pierde jamás.
Por: Erick Bellido, periodista investigador
Texto_1889 Oración FUNEBRE
