La participación de Luis Riso Patrón en la Sociedad Chilena de Historia y Geografía se inscribe desde sus propios orígenes. En la sesión fundacional de 1911 fue elegido miembro de la primera Junta de Administración, junto a figuras centrales de la historiografía, la geografía y la cultura chilena de comienzos del siglo XX. Su presencia no fue meramente nominal: durante el período inicial de mayor vitalidad institucional, la Sociedad lo recordó entre los colaboradores intelectuales que contribuyeron al prestigio de la Revista Chilena de Historia y Geografía.
La gestación del Diccionario Geográfico de Chile, sin embargo, permite apreciar con mayor claridad la relación entre el proyecto colectivo de la Sociedad y la obra personal de Riso Patrón. Desde sus bases fundacionales, la institución se había propuesto preparar un diccionario geográfico del país, junto con un diccionario biográfico y una bibliografía histórica y geográfica de Chile. Es decir, la idea matriz del Diccionario no nació como una iniciativa aislada de su autor, sino como parte del programa intelectual con que la Sociedad buscaba ordenar, sistematizar y poner al servicio público el conocimiento sobre el territorio nacional.
En 1913 la Sociedad decidió acometer formalmente la confección de este diccionario y encargó su dirección a Alberto Edwards. La empresa, sin embargo, no prosperó entonces. Tres años más tarde, en 1916, la tarea fue confiada a Luis Riso Patrón, quien reunía condiciones particularmente adecuadas para asumirla: era ingeniero geógrafo e ingeniero civil hidráulico, había servido en reparticiones estatales vinculadas a materias geográficas y había participado como ayudante de la Comisión Internacional de Límites bajo las órdenes del perito Diego Barros Arana. Su retiro de la administración pública le permitió consagrarse durante años a una labor de recopilación, crítica y organización de información geográfica.
Riso Patrón concluyó el trabajo en 1922 y, gracias a la inclusión de una partida fiscal en la ley de presupuestos de 1923, la obra pudo publicarse en 1924. El resultado fue un repertorio de gran envergadura, llamado a reemplazar y superar el Diccionario Geográfico de la República de Chile de Francisco Solano Astaburuaga, publicado en 1867. La nueva obra incorporó una masa mucho mayor de información, incluyó los territorios de Antofagasta y Tarapacá y se transformó en una referencia clásica para la geografía chilena.
Según la introducción del propio Riso Patrón, la investigación recopiló antecedentes sobre más de 40.000 puntos o lugares de Chile, de los cuales fueron seleccionados 28.215 nombres. Cada entrada fue ordenada alfabéticamente e incluyó datos sobre significado del nombre, ubicación, latitud, longitud, características geográficas y referencias documentales. La obra se apoyó en 168 fuentes, lo que le dio un valor adicional como instrumento de investigación.
Así, el Diccionario Geográfico de Chile debe entenderse en una doble dimensión: como culminación de una aspiración fundacional de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, y como realización técnica e intelectual de Luis Riso Patrón. La Sociedad concibió el proyecto; Riso Patrón le dio forma definitiva, rigor documental y proyección duradera.
