Estos documentos publicados en los números 32 y 33 de la Revista Chilena de Historia y Geografía en el último trimestre de 1918 y primer trimestre de 1919, reúnen una parte muy significativa de las actas reservadas del Ministerio Varas-Santa María durante los primeros meses de la Guerra del Pacífico, entre abril y agosto de 1879. En ellas se observa al gobierno de Aníbal Pinto tomando decisiones casi diarias sobre estrategia militar, diplomacia, financiamiento, movilización de tropas, adquisición de armas y conducción política de la guerra.
El primer conjunto de actas publicadas en el número 32 de la Revista, comienza con la formación del Ministerio el 18 de abril de 1879. Desde la sesión del 19 de abril se fija el objetivo inmediato de Chile: asegurar la posesión definitiva del territorio entre los paralelos 23° y 24° sur respecto de Bolivia, y exigir al Perú la abrogación del tratado secreto de 1873, junto con garantías para impedir nuevas amenazas. El documento muestra que, aunque el gobierno declaraba no buscar una guerra de conquista, dejaba abierta la posibilidad de modificar sus objetivos según el curso de los acontecimientos.
Las actas revelan una preocupación constante por la preparación material del conflicto. Se revisan fuerzas disponibles, armas, municiones, vestuario, transportes, fortificación de puertos y abastecimiento. El gobierno acuerda aumentar el Ejército, movilizar Guardia Nacional, enviar tropas al norte, arrendar vapores, artillar transportes y comprar fusiles, cañones, municiones y buques en Europa y América. La guerra aparece aquí como una tarea de organización estatal antes que solo como una sucesión de batallas.
Un eje central es la discusión estratégica. En abril y mayo se evalúan varias alternativas: atacar Iquique, bloquear el Callao, desembarcar en Tarapacá, avanzar sobre Tacna y Arica, o incluso considerar Lima. Varas insiste en que no era aceptable mantener un ejército ocioso en Antofagasta ni una escuadra sin resultados decisivos. Aun así, el gobierno actúa con cautela, pidiendo opinión al General en Jefe, al contralmirante Williams y a Rafael Sotomayor.
El segundo conjunto de actas publicadas en el número 33 de la Revista, continúa esta secuencia desde fines de mayo. Después del combate naval de Iquique, el gobierno queda inquieto por el paradero de la Escuadra, por las acciones del Huáscar y por la conducta del contralmirante Williams. Las actas muestran tensiones serias entre autoridad civil y mando naval, especialmente por operaciones ejecutadas sin adecuada comunicación al gobierno. También se aprecia la urgencia por proteger transportes con armas y municiones que venían desde Europa.
En junio y julio la discusión estratégica cambia. El plan inicial sobre Iquique se vuelve más difícil, debido al aumento de fuerzas peruanas en la zona. Se consideran entonces operaciones sobre Moquegua, Tacna-Arica, Lima y Tarapacá. Finalmente, tras la misión de Santa María a Antofagasta y la consulta a jefes militares y navales, el gobierno decide ocupar Tarapacá. La justificación combina razones militares, económicas y políticas: destruir o dispersar fuerzas peruanas, privar al Perú de recursos salitreros, obtener una prenda para futuras indemnizaciones y dar un giro ofensivo a la guerra.
Las actas también muestran la importancia de la cuestión argentina. Mientras Chile combatía al Perú y Bolivia, el gobierno seguía con gran atención la negociación de límites con Argentina. Se discuten fórmulas de transacción, arbitraje limitado, statu quo y defensa de Magallanes. Esto demuestra que la guerra del Pacífico no se manejaba como un conflicto aislado, sino dentro de un tablero regional mucho más delicado.
Otro aspecto importante es la diplomacia internacional. Aparecen gestiones británicas, brasileñas, estadounidenses y ecuatorianas. En particular, se registra la mediación de representantes de Estados Unidos, quienes proponen un arbitraje amplio para terminar la guerra. Chile no rechaza de plano la idea del arbitraje, pero fija condiciones duras: conservar el territorio al sur del paralelo 23, asegurar la derogación del tratado secreto peruano-boliviano y obtener compensaciones o garantías.
El valor histórico principal de estos documentos es que permiten ver la guerra desde dentro del gobierno chileno. No presentan una narración heroica posterior, sino el proceso real de toma de decisiones: dudas, desacuerdos, improvisaciones, tensiones con los mandos militares, problemas de abastecimiento, necesidad de dinero, temor a Argentina y búsqueda de una estrategia eficaz. La imagen que surge es la de un Estado que aprende a conducir una guerra compleja mientras la está librando.
En síntesis, las actas muestran que la primera etapa de la Guerra del Pacífico fue mucho menos lineal de lo que suele sugerir el relato tradicional. La victoria chilena no aparece como inevitable. Fue resultado de una conducción civil intensa, de una rápida movilización logística y financiera, de decisiones estratégicas discutidas con dificultad y de una diplomacia activa para evitar que el conflicto se ampliara o debilitara la posición internacional de Chile.
Sociedad Chilena de Historia y Geografía. (1918). Actas del Ministerio Varas-Santa María, desde el 18 de abril al 16 de agosto de 1879. Revista Chilena de Historia y Geografía, 32.
Sociedad Chilena de Historia y Geografía. (1919). Guerra del Pacífico: Correspondencia de don Antonio Varas con don Eulogio Altamirano, General don José Francisco Gana, don Francisco Puelma, Coronel don Cornelio Saavedra, don Domingo Santa María, don Rafael Sotomayor, Coronel don José Velásquez y don Rafael Vial. Revista Chilena de Historia y Geografía, 33.
