A través de Chile y el Perú reúne las memorias de viaje del naturalista belga Jean-Baptiste Joseph Louis Popelaire de Terloo, quien recorrió ambos países entre 1840 y 1843. El relato se originó tras el naufragio de la fragata Oriental frente a Valparaíso, accidente en el cual perdió buena parte de sus documentos y apuntes anteriores. Desde Chile continuó hacia Perú, donde permaneció durante un periodo marcado por guerras civiles, pronunciamientos militares y frecuentes cambios de gobierno.
En Chile, Popelaire describe Valparaíso como un puerto dinámico y cosmopolita, estrechamente vinculado al comercio británico y europeo. Recorre luego Santiago y algunas zonas rurales. Observa las costumbres de los huasos, las carreras de caballos, las fiestas de septiembre, la cueca y la vida de las haciendas. También registra especies animales y vegetales, con especial interés en el coipo. Su valoración general de Chile resulta relativamente favorable. Destaca la estabilidad política alcanzada bajo Diego Portales, la organización administrativa, la hospitalidad de las familias y las perspectivas económicas del país.
El núcleo de la obra corresponde a Perú. El autor viaja por Arica, Islay, Arequipa, el Callao, Lima y Cerro de Pasco. Describe ciudades, caminos, iglesias, mercados, procesiones, teatros, formas de sociabilidad y actividades productivas. Como naturalista, reúne insectos, aves, plantas, minerales y objetos arqueológicos. Sus excursiones a las islas San Lorenzo y El Frontón le permiten observar aves marinas, lobos marinos, depósitos de guano y formaciones geológicas. También manifiesta interés por las ruinas prehispánicas y critica la destrucción de testimonios de la civilización inca durante la conquista española.
La política peruana ocupa una parte considerable del relato. Popelaire presencia las luchas entre Gamarra, Vivanco, Castilla, San Román y los partidarios de Andrés de Santa Cruz. Describe un país dominado por caudillos, levantamientos militares, rivalidades personales e intervención de diplomáticos y comerciantes extranjeros. Según su interpretación, esta inestabilidad impide consolidar la autoridad estatal, perjudica el comercio y debilita la identidad nacional.
El autor contrapone con frecuencia la relativa estabilidad chilena con el desorden peruano. Esta comparación constituye uno de los ejes de la obra, pero también revela sus limitaciones. Popelaire observa ambas sociedades desde una perspectiva aristocrática, europea y colonial. Sus juicios sobre indígenas, mestizos, afrodescendientes, mujeres y sectores populares contienen prejuicios raciales, sociales y culturales propios de su época. Sus descripciones no deben leerse como diagnósticos objetivos, sino como el testimonio situado de un viajero extranjero.
Pese a esos sesgos, el libro posee considerable valor histórico. Entrega información directa sobre transportes, comercio, costumbres, celebraciones, vida urbana, redes diplomáticas, naturaleza y conflictos políticos en Chile y Perú durante la década de 1840. Su mayor aporte reside en combinar diario de viaje, observación naturalista y crónica política, ofreciendo una imagen amplia, aunque profundamente subjetiva, de dos repúblicas sudamericanas en proceso de organización.
