El pasado 23 de julio de 2026, Santiago amaneció cubierto por un cielo gris y una lluvia persistente, como si el invierno quisiera poner a prueba la convocatoria de la Sección Folklore de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, que celebraba el 117.º aniversario de esta ilustre corporación. Entre los organizadores era inevitable el nerviosismo: ¿desalentaría el mal tiempo a los invitados?

       La respuesta llegó puntualmente. A la hora señalada, el salón principal de la histórica casona se encontraba completamente colmado. Cada asiento ocupado era una silenciosa confirmación de que el compromiso con la historia, la cultura y la tradición puede más que cualquier inclemencia del tiempo.

    Presidieron la ceremonia Francisco Balart, presidente de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía; Ramón Andreu Ricart, presidente de la Sección Folklore; y los expresidentes Juan Estanislao Pérez y Juan Guillermo Prado, cuya presencia simbolizó la continuidad y el espíritu de una institución que ha sabido proyectarse a través de las generaciones.

    Bajo la conducción de Esmildo Pastén, el presidente de la Sociedad, Francisco Balart, ofreció un saludo de bienvenida, destacando el significado de esta nueva conmemoración.

     Posteriormente, Ramón Andreu Ricart invitó a los asistentes a recorrer, mediante una sentida reflexión, los 117 años de historia institucional, evocando especialmente la figura del insigne filólogo alemán Rodolfo Lenz, impulsor fundamental de la creación de la Sociedad y pionero en la valoración científica del folklore chileno.

    Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue el homenaje tributado a tres grandes maestros que enriquecieron el estudio y la difusión del patrimonio cultural de Chile: Fidel Sepúlveda Llanos, Sergio Rodríguez Araneda y Jorge Cáceres Valencia.

      En representación de Fidel Sepúlveda recibió el reconocimiento Felipe Espinoza, discípulo y continuador de su legado; por Sergio Rodríguez asistió su hija Marcela; y por Jorge Cáceres, su hija Rosa María.

    Más que una ceremonia protocolar, fue un encuentro con la memoria viva. Las lágrimas discretas, las miradas emocionadas y los prolongados aplausos revelaron que quienes dedican su vida a la cultura jamás desaparecen del todo: permanecen en la obra que legan y en quienes continúan su camino.

     Con el mismo espíritu de gratitud, la Sección Folklore distinguió a tres de sus integrantes por su permanente compromiso con la investigación, la difusión y la preservación del patrimonio inmaterial: Florangel Oberg Bravo, Francisco Torres Aguilera y Esmildo Pastén Torres. El reconocimiento, fue entregado por Ramón Andreu Ricart, junto a miembros de la presidencia colegiada de la Sección, Juan Estanislao Pérez, pastpresidente y Juan Guillermo Prado, presidente honorario, lo que fue una expresión de agradecimiento hacia quienes, con trabajo silencioso y constante, fortalecen día a día la misión de la institución.

    La celebración también estuvo impregnada del lenguaje universal del arte. José Antonio Soto y Carmen San Martín Martínez, integrantes del conjunto Ayerales, ataviados con vestimentas características de fines del siglo XIX, ofrecieron una elegante muestra de bailes tradicionales chilenos, transportando al público a la época en que Rodolfo Lenz iniciaba sus investigaciones sobre el alma popular de nuestro país.

     Paralelamente, los asistentes pudieron recorrer una exposición de indumentaria decimonónica instalada en las dependencias de la casona, complementando la experiencia con un valioso testimonio visual de aquel tiempo.

     Cuando la ceremonia parecía llegar a su fin, una grata sorpresa aguardaba a los presentes. Una torta de cumpleaños hizo su ingreso entre aplausos y sonrisas, mientras todos entonaban con entusiasmo el tradicional “Cumpleaños Feliz”. El posterior cóctel permitió compartir conversaciones, recuerdos y nuevos proyectos en un ambiente de sincera camaradería.

    Más que la celebración de un aniversario, la jornada fue una afirmación del valor de la memoria, del reconocimiento a quienes construyeron el camino y del compromiso de quienes hoy asumen la responsabilidad de preservarlo.

     Porque una institución que cumple ciento diecisiete años no solo celebra el paso del tiempo; celebra la permanencia de un ideal, la vigencia de su misión y la certeza de que el patrimonio cultural sigue encontrando hombres y mujeres dispuestos a custodiarlo y proyectarlo hacia las futuras generaciones.

     Fue, en definitiva, un cumpleaños donde la historia se hizo presente, la gratitud encontró su voz y el legado de quienes nos antecedieron volvió a abrazar el porvenir.

Juan Guillermo Prado