Conferencia dictada por el profesor Carlos Reyes Zárate en el ciclo de charlas 2023 de la Sección Folklore de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, realizada en  mayo de 2023.

La exposición sostiene que el ballet folklórico chileno no nació como una expresión espontánea del pueblo, sino como una construcción artística e institucional surgida desde la academia, especialmente desde el Instituto de Educación Física de la Universidad de Chile. Su desarrollo se consolidó entre las décadas de 1950 y 1960, bajo la influencia de modelos internacionales como Igor Moiseyev, Berioska y Amalia Hernández.

Un punto central es la transición desde el “conjunto folklórico” hacia una forma escénica profesionalizada. Este cambio se simboliza en 1965, cuando el grupo Aucaman fue presentado en Perú como “Ballet Folklórico Nacional Aucaman”, expresión que habría marcado el uso formal del término para un conjunto chileno. Desde entonces, agrupaciones como Aucaman, Pucará, Kurun y Loncura ayudaron a consolidar una escena artística propia.

El texto también destaca la tensión entre los defensores del folklore tradicional y quienes promovían su proyección escénica. Los sectores llamados “puristas” criticaban la uniformidad coreográfica, el vestuario, el maquillaje y la teatralización de las danzas. En cambio, los directores de estos grupos defendían su trabajo como una aplicación artística del folklore, no como una reproducción literal de las prácticas populares.

Otro aporte relevante fue la introducción de la etnocoreología por Rodolfo Reyes, que impulsó una mirada más profunda sobre el sentido cultural del movimiento. La obra “La fuerza de la sangre”, de 1969, aparece como ejemplo destacado de creación escénica basada en investigación interdisciplinaria y trabajo de campo.

La conclusión es crítica. El ballet folklórico chileno enfrenta hoy problemas de formación, pérdida de investigación en terreno y reproducción mecánica de coreografías ya institucionalizadas. La conferencia plantea la necesidad de documentar la historia de cada agrupación, fortalecer la investigación y establecer criterios de calidad que permitan valorar esta disciplina como una creación artística chilena con identidad propia.

Ver: El ballet folklórico en Chile