La historia de una institución suele narrarse a partir de sus fechas fundacionales, de sus estatutos o de la sucesión de quienes ocuparon sus principales cargos. Sin embargo, detrás de esos hitos existe casi siempre una voluntad individual capaz de sostener una idea durante años, incluso cuando las circunstancias no permiten realizarla de inmediato. En el caso de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, esa figura fue Enrique Matta Vial. El relato de Sergio Martínez Baeza lo presenta, con justicia, como “el iniciador”: no solo porque participó en la fundación de la Sociedad, sino porque concibió mucho antes la necesidad de una institución dedicada a investigar y difundir la historia y la geografía de Chile.
Matta Vial había nacido en 1868, se tituló de abogado en 1890 y desarrolló una trayectoria en la administración pública. Fue intendente de Tarapacá y subsecretario de los ministerios del Interior y de Instrucción Pública. Esa experiencia administrativa resulta importante para comprender su proyecto intelectual. No fue únicamente un estudioso interesado en el pasado, sino también un hombre habituado al funcionamiento del Estado y consciente de la importancia de crear estructuras permanentes para organizar el conocimiento.
Ya en 1898 impulsó la formación de una sociedad destinada a fomentar la investigación y a difundir el conocimiento de la historia y de la geografía nacionales. Para ello obtuvo del ministro de Justicia e Instrucción Pública, Carlos A. Palacios Zapata, el nombramiento por decreto supremo de una comisión encargada de estudiar el proyecto. La iniciativa no llegó entonces a concretarse. Lo significativo, sin embargo, es que Matta Vial no la abandonó. El fracaso inicial no significó para él el término del proyecto, sino una espera. Permaneció atento a una coyuntura más favorable.
Ese rasgo permite comprender mejor su papel histórico. La fundación de la Sociedad no fue una improvisación surgida del ambiente conmemorativo del Centenario, sino la culminación de una idea concebida más de una década antes. Matta Vial parece haber comprendido que el conocimiento histórico requería algo más que esfuerzos individuales: necesitaba una comunidad de investigadores, una publicación periódica y una institucionalidad capaz de conservar y transmitir el trabajo realizado.
Las celebraciones del Centenario del Primer Gobierno Nacional ofrecieron esa nueva oportunidad. En 1910 se había encargado a Luis Montt la preparación de una exposición histórica. La muerte de Montt obligó a Matta Vial a hacerse cargo de su organización. El episodio aparece en el relato de Martínez Baeza como un antecedente directo de lo que ocurriría al año siguiente. La experiencia de reunir, ordenar y presentar materiales históricos debió reforzar la necesidad de crear un organismo permanente que prolongara ese esfuerzo más allá de una conmemoración determinada.
En 1911 Matta Vial fundó la Revista Chilena de Historia y Geografía. Este paso fue decisivo. Antes de consolidar una institución, creó un instrumento de circulación intelectual. La Revista proporcionó un espacio para publicar investigaciones, documentos y estudios y permitió articular una comunidad interesada en las disciplinas históricas y geográficas. Vista desde esa perspectiva, la Revista no fue simplemente una publicación asociada posteriormente a la Sociedad; formó parte del propio proceso que hizo posible su consolidación.
La Sociedad obtuvo personalidad jurídica mediante decreto de 11 de octubre de 1912. Poco después, en julio de 1913, se produjo la fusión con la Sociedad de Folklore Chileno, que pasó a constituirse en la Sección de Folklore de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Este hecho muestra además la amplitud del proyecto original. No se trataba únicamente de reunir especialistas en historia política o documental, sino de incorporar distintas dimensiones del estudio del país, incluyendo su territorio y sus manifestaciones culturales.
La obra de Matta Vial puede evaluarse también observando las dificultades institucionales que aparecieron después de la fundación. Los estatutos originales establecieron una presidencia rotativa mensual entre los miembros de la Junta de Administración. El sistema reducía considerablemente las atribuciones efectivas del presidente, limitándolo en gran medida a dirigir las sesiones y firmar la correspondencia. La institución pudo funcionar durante sus primeros años gracias al trabajo continuado de otros cargos, en especial del secretario general y del tesorero.
Este problema organizativo es revelador. La creación de una institución cultural no concluye con el acto de fundarla. Requiere desarrollar mecanismos de gobierno, financiamiento y continuidad. Durante los primeros años, la Sociedad se sostuvo mediante las cuotas de sus socios y la venta de la Revista, pero las dificultades económicas generales hicieron más evidente la necesidad de contar con una dirección estable. En 1923 se terminó con la presidencia rotativa y se eligió como presidente a Roberto Huneeus Gana. Décadas más tarde, las reformas estatutarias de 1960 regularizarían y modernizarían formalmente esa estructura.
Desde esta perspectiva, la importancia de Matta Vial no reside en haber diseñado desde el comienzo una organización perfecta. Su aporte fue más fundamental: crear las condiciones para que una institución pudiera existir, adaptarse y sobrevivir. Concibió tempranamente la necesidad de una sociedad científica dedicada al estudio nacional, persistió cuando el primer intento fracasó, impulsó una revista especializada y aprovechó la coyuntura del Centenario para transformar aquella aspiración en una estructura permanente.
Hay además una dimensión intelectual en su iniciativa. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la investigación histórica chilena estaba experimentando una creciente profesionalización. Reunir investigadores en una sociedad significaba reconocer que el conocimiento del pasado no debía depender exclusivamente de esfuerzos aislados. Era necesario discutir investigaciones, publicar resultados, conservar documentos y establecer redes de colaboración. La creación de la Revista y de la Sociedad respondió precisamente a esa necesidad.
Por eso la expresión utilizada por Martínez Baeza —“el iniciador”— resulta especialmente adecuada. Matta Vial no fue simplemente uno de los fundadores de una corporación. Fue quien introdujo una idea institucional que posteriormente pudo ser desarrollada por varias generaciones. Su proyecto sobrevivió a las dificultades económicas, a las imperfecciones de los primeros estatutos y a sucesivas reformas administrativas.
La trayectoria posterior de la Sociedad confirma, retrospectivamente, la importancia de aquella intuición inicial. Las instituciones que perduran suelen hacerlo porque logran independizarse de sus fundadores y adquirir vida propia. Pero para que eso ocurra alguien debe imaginar primero su necesidad. En la historia de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, esa primera formulación pertenece a Enrique Matta Vial. Su principal legado no fue solamente haber contribuido a fundar una entidad determinada, sino haber comprendido que la investigación sobre la historia, la geografía y la cultura de Chile necesitaba una casa institucional capaz de reunir personas, preservar conocimientos y transmitirlos a las generaciones siguientes.
Referencia: Martínez Baeza, Sergio. 1995. La Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Reseña histórica.
