Así eran las casas en el desierto de Atacama hace 2.800 años.

Fuente: EL MERCURIO. Vida • Ciencia • Tecnología
Santiago de Chile, sábado 14 de junio de 2025

Imagen elaborada con IA

Ver cómo vivían los primeros habitantes del norte de Chile que lograron asentarse y practicar la agricultura es lo que puede encontrarse en la aldea de Tulor, ubicada cerca de San Pedro de Atacama.

En pleno desierto de Atacama, el visitante se encuentra con estructuras circulares de barro, perfectamente definidas. También se pueden ver réplicas construidas por arqueólogos que ayudan a dimensionar cómo era la vida en esa aldea.

Fue descubierta por el sacerdote Gustavo Le Paige quien, en 1956, excavó entre las dunas, a 8 kilómetros al suroeste de San Pedro de Atacama. Fue la misma arena del desierto —que la ocultó bajo 5 metros de altura y ayudó a conservar sus estructuras de barro circulares, bautizadas como aldea de Tulor, por su cercanía al ayllu (comunidad andina) del mismo nombre.

Años después, en 1980, la arqueóloga Ana María Barón comenzó nuevas excavaciones. “Cuando el padre Le Paige llegó a la aldea, pensó que solo eran los cimientos, pero en verdad eran las paredes que estaban ocultas y enterradas en la arena”, dice. Las paredes más altas medían 1,7 metros.

Se estima que se ha excavado el 4% de la aldea, la que estaría constituida por 18 estructuras, entre ellas, más de una veintena de habitaciones circulares.

La arqueóloga Marcela Sepúlveda, presidenta de la Sociedad Chilena de Arqueología, dice que esta “es una aldea típica del proceso mediante el cual se consolidó la vida en comunidades agropastoriles del norte de Chile y los habitantes establecieron roles y jerarquías en la comunidad”.

En la aldea contaban con cerámica, instrumentos de piedras y se habrían comenzado a desarrollar la tecnología de piezas metálicas, de ahí que la mayoría de los objetos encontrados en Tulor son de piedra, barro.
“Tenían ganadería, domesticaron llamas. Además, recolectaban los frutos del chañar y del algarrobo”, añade.

En esa época, si bien el paisaje era desértico, llovía más que ahora. “Probablemente, por eso cerca del río San Pedro que les proporcionó el agua para el barro. No era adobe, como el que se usa en la zona central, ya que no está mezclado con paja”, dice Barón.

De hecho, el equipo dirigido por Barón hizo arqueología experimental para estudiar las técnicas que usaron los antiguos habitantes.

Fruto de ello se hicieron dos réplicas de habitaciones que pueden ver hoy los visitantes en el museo de sitio. Así calcularon que los antiguos habitantes podrían haber tardado meses en construirlas. Y si bien no se conocen muchos detalles sobre su forma de vida, por los fogones encontrados al interior de las habitaciones se cree que probablemente las familias extendidas dormían bajo el mismo techo.

En 1998 y en 2006, el programa World Monuments Watch declaró a la aldea de Tulor como uno de los sitios arqueológicos más amenazados del mundo por estar expuesta a la erosión del viento y la arena.

En la época de las excavaciones, hace 45 años, ya tenía problemas de conservación, explica Barón: “La misma duna que venía de la cordillera de la Sal, y que la había conservado, ahora se la está llevando”.

Actualmente la administración del sitio la realiza la comunidad indígena del ayllu de Coyo, que se encarga de su cuidado y de hacer tours guiados.

En el museo de sitio se puede apreciar una maqueta de cómo se habría visto el lugar cuando estaba habitado y algunos objetos hallados por la comunidad, como instrumentos de piedras y recreaciones de cerámicas.