El estudio realizado por el socio Patricio Bustamante Díaz y el arqueólogo Dr. Ricardo Moyano, sostiene que Santiago de Chile habría sido fundado sobre un asentamiento inca preexistente, y no sobre un terreno vacío, como plantea la narrativa histórica tradicional. Según esta interpretación, el centro de la ciudad habría funcionado como un centro administrativo del Collasuyu, organizado según patrones semejantes al Cuzco, con la actual Plaza de Armas como posible Haukaypata y centro de un sistema de ceques o líneas sagradas proyectadas hacia cerros, huacas y eventos astronómicos.
El argumento se apoya en crónicas, evidencias arqueológicas y análisis arqueoastronómicos. Jerónimo de Vivar habría señalado que Pedro de Valdivia buscaba poblar un lugar “como el Cuzco” a orillas del río Mapocho, mientras Diego de Rosales menciona una población inca en la ribera sur del Mapocho. El texto también plantea que la desaparición de las actas originales del Cabildo pudo haber favorecido el ocultamiento de esa ocupación previa.
En términos urbanos, el eje norte-sur del antiguo asentamiento estaría reflejado en el trazado del Qhapaq Ñan, asociado a las actuales calles Independencia, Bandera y San Diego. El eje este-oeste estaría marcado por la calle Catedral, cuya orientación de 83° se interpreta como una alineación hacia el fenómeno lunar del crossover, útil para articular calendario solar y lunar, e incluso para anticipar eclipses.
El cerro Huelén o Santa Lucía es presentado como observatorio astronómico, huaca y axis mundi. Desde su cumbre se habrían identificado alineaciones solares: la salida del Sol en el solsticio de invierno hacia el norte del cerro El Plomo, en los equinoccios hacia el Portezuelo del Inca, y en el solsticio de verano hacia el cerro Punta de Damas. También se mencionan vestigios como piedras de tacitas y una posible escala de tres peldaños tallada en roca.
El texto incorpora una lectura simbólica del paisaje mediante la tríada pareidolia, apofenia e hierofanía. El cerro El Plomo es interpretado como una figura masculina y los Altos de Lipangue como una figura femenina, relación asociada a la complementariedad andina o yanantín. Además, propone que los cerros de la cuenca se organizaban en anillos de visibilidad, integrando geografía, ritualidad y poder.
Finalmente, el informe plantea que el sector inundable cercano a la Plaza de Armas pudo funcionar como sistema pluviométrico a escala urbana, destinado a observar el comportamiento de las aguas y apoyar decisiones agrícolas. La conclusión general es que Santiago conservaría bajo su trazado colonial una estructura inca compleja, donde urbanismo, astronomía, paisaje sagrado y control ambiental habrían formado parte de un mismo sistema político-religioso.
El estudio fue publicado en 2011 en Xama, revista de la Unidad de Antropología del INCIHUSA-CONICET, Mendoza, Argentina y presentado en el XIX Congreso Nacional de Arqueología Chilena, celebrado en Arica en 2012.
