Un reconocimiento a la vocación y defensa del rigor en la historia
La Sociedad Chilena de Historia y Geografía otorgó el pasado 19 de noviembre de 2025, el prestigioso Premio Enrique Matta Vial a don Fernando Silva Vargas.
El presidente de la Sociedad, don Francisco Balart, destacó la trayectoria de don Fernando Silva, abogado de profesión, quien fue alumno de Jaime Eyzaguirre y profesor de historia en la Universidad Católica y la Universidad de Chile. Además de su prolífica obra, don Fernando fue coautor de la Historia de Chile de la Editorial Universitaria (1974) y presidió la Academia Chilena de la Historia entre 2004 y 2009. Su obra temprana, Tierras y pueblos de indios en el reino de Chile (1962), está aún vigente, siendo material de consulta obligada.
El Historiador “Aficionado”
Al aceptar el galardón, don Fernando Silva defendió firmemente a los historiadores por vocación, a menudo llamados despectivamente “aficionados”. Subrayó que la Sociedad Chilena de Historia y Geografía valora la labor de aquellos “libres de absurdas exigencias universitarias” e impulsados solo por el amor a la disciplina. Recordó que la notabilísima historiografía del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX es toda obra de aficionados.
Críticas al Sistema Académico Actual:
Don Fernando Silva lamentó la evolución de la disciplina, señalando los “problemas demasiado visibles” que ha traído la profesionalización:
- Las universidades como empresas: Las universidades han adoptado métodos propios de las empresas, lo cual es “muy mal para lo que le es propio, que es el saber”. Se busca cuantificar la producción mediante el número de publicaciones y el impacto en revistas indexadas. Este sistema, impulsado por currículum y fondos concursables, fomenta malas prácticas, que van desde el plagio hasta trabajos insustanciales o fraudulentos.
- Historia como arma ideológica: La historia se ha convertido en un “arma ideológica o política”, abandonando su objetivo de “tratar de comprender el comportamiento de los hombres en las sociedades del pasado”. Esto lleva al uso de mentiras e invenciones, citando como ejemplo el fraude del diario del General Prats.
Un llamado a la acción:
El momento es propicio para investigar con seriedad, rigor y cuidado de las fuentes. Los historiadores chilenos, especialmente los aficionados, tienen una tarea urgente, como resolver la paradoja de que “conocemos mejor el siglo XVI que el siglo XIX”.
“No podemos esperar porque no estamos dispuestos a aceptar que nos construyan una falsa historia de Chile”, concluyó.
